Zatti crea comunidad

La hermana Antonieta, el médico Harosteguy, el hermano Francisco: Don Zatti no está solo.

Un trabajo tan grande como el que asumió Zatti, conducir el hospital San José, solo podía realizarlo con la colaboración de gente que se sumara al proyecto de cuidar del otro. Fundamentalmente, trabajar en un hospital implica estar convencido de la importancia del propio aporte y el compromiso de la respuesta personal que se debe dar cada día.

Zatti sabía que no estaba solo. Por ejemplo, los enfermeros y enfermeras eran voluntarios. El hospital no tendría suficiente dinero para pagarles a cada uno. Así que esta tarea era más un compromiso desde la fe y el ejercicio de caridad. 

Zatti contaba con hermanos de la Congregación, que formaban comunidad con él y vivían la obediencia a los superiores, que los alentaban en el trabajo pastoral del hospital. Ellos eran conscientes de la inmensa ayuda que brindaban con su presencia a la ciudad de Viedma y alrededores.

Entre ellos, cabe nombrar a los coadjutores Massini y Rébola —representados en la película por el compañero de trabajo de Zatti, el hermano Francisco—, los padres Pestarino, Pedemonte, Vespignani, Manachino y el mismo Garrone, su director y maestro. También el Padre Carlos Pérez —representado en la película por el padre Carlos—, que luego será el primer obispo de Comodoro Rivadavia (1957-1963) y más tarde segundo arzobispo de Salta (1964-1984). Pérez fue superior provincial los últimos meses de vida de Zatti.

Entre los laicos, podemos citar a la señorita María Luisa Picarel, que luego será religiosa. Los doctores Harosteguy, Ecay, Sussini y Mori. Entre sus destacadas enfermeras y están Noelia Moreno, María Ervín,Clara L. de Ortíz, Clara Albrizio, Leopolda Benedettelli, Marcelina Sayhueque, Andrea Morales, Maria Danielis, Teodolina Acosta, Maria Peñiñori, Eulogia Coronel, Felisa Baté, Margarita Paz. Entre los grandes colaboradores varones se destaca Telésforo Iturralde.

Entre las Hijas de María Auxiliadora se encontraban Eugenia Galli, Ana Pánzica, Anunciada Tolomei, Severina Teghile, María Graña, María Méndez. Y por sólo dos años, la Sierva de Dios Antonieta Bhom, representada en esta película.

Los momentos clave del cortometraje nos muestran a Zatti junto a alguno de los personajes que representan la gran Familia Salesiana de aquel tiempo y en aquel contexto de la Congregación, en un ambiente fuertemente misionero.

  • Cuando Zatti se anoticia del desalojo y es el padre Carlos quien le informa y le promete estar a su lado siempre.

  • En el servicio a los pobres, cuando sirve la sopa a la señora Lucía y a su hijo Ignacio, lo hace con el hermano Francisco.

  • A Francisco le dice “Vamos a sostener estas paredes”, refiriéndose a trabajar para impedir que se demuela el hospital. Respecto a esta línea, hay una interpretación doble. La primera es pedirle ayuda a su compañero y hermano para que busquen juntos una solución al problema. La segunda tiene que ver con el “Poverello” de Asís, San Francisco.

Como muy bien lo interpretó el papa Inocencio III, San Francisco tendría la misión de sostener la Iglesia, entendiéndose que habla de su vida y su misión entre los hombres, y no las paredes propiamente dichas. Zatti, en cambio, sí quiere impedir un derrumbe.

Lo querrá hasta comprender al final del corto que su vida, marcada por una caridad sin límites y rodeada por aquellos que quieren compartir y vivir con él el Evangelio, es lo único que cuenta. Ya las paredes no importan. Allí Zatti comprende, ante ese joven moribundo pero lleno de paz, que lo que cuenta es ser testigo del Evangelio en la misión salesiana.

Zatti no sólo busca soluciones al problema del desalojo (pide plata en el banco, acude a los políticos, busca alternativas): nunca deja de acudir a la oración personal y comunitaria. La Eucaristía la vive en comunidad. Reza con sus hermanos. Zatti no es un “francotirador” o un “lobo solitario”. Sabe de equipo. Comunidad. Proyecto. Hermanos.

Toda la Familia Salesiana en torno a Zatti se lanza a hacer el bien a los demás en el simpático gesto de andar en bicicleta, como su inspirador y guía. Ya no necesitan paredes, ni muchos debates, ni esquemas analíticos, ni cálculos proyectados. Solo andar juntos, en bicicleta, llenos de alegría, testimoniando el Evangelio del Resucitado.